Giselle Stegmann Jefa de Capital Humano en Grupo Ceta
El liderazgo viene atravesando una transformación profunda. Cada día, a quienes ocupan roles gerenciales o de supervisión se les exige ser más humanos, estar más cerca de las personas y liderar desde la empatía. Esto los ubica en un nuevo paradigma: quien guía a un equipo ya no es la persona que "tiene todas las respuestas" o la suma de los saberes técnicos, sino quien se anima a mantenerse en un estado de aprendizaje continuo.
El fin del liderazgo técnico: el auge de las habilidades blandas
Históricamente, el liderazgo se medía por el control o por el expertise técnico de una persona. Hoy, ese enfoque quedó obsoleto. Las compañías buscan perfiles que destaquen en habilidades blandas, ya que paradójicamente son las más difíciles de desarrollar y de sostener bajo presión.
En un entorno laboral dinámico, las competencias innegociables para conducir equipos son:
- Empatía y escucha real.
- Visión estratégica y flexibilidad.
- Comunicación efectiva.
- Toma de decisiones con criterio.
- Gestión constructiva de conflictos.
- Acompañamiento y feedback constante.
En un contexto atravesado por la Inteligencia Artificial (IA), ya no alcanza con saber más; el diferencial está en interpretar mejor. Se espera que los líderes entiendan a la tecnología como un "copiloto" y desarrollen a sus colaboradores para que amplifiquen sus capacidades combinando las nuevas herramientas con el valor humano.
Liderar en la incertidumbre: el valor de la templanza5
Antes, se esperaba que un líder tuviera claridad absoluta; hoy se le pide que se mueva con soltura en la confusión y la ambigüedad. El liderazgo actual está expuesto a equipos que ya no compran "respuestas prefabricadas".
En este nuevo contexto, el líder deja de ser el que simplemente ordena y pasa a ser el que habilita. Quien ocupa este rol debe tener tres cosas muy claras:
- Foco: para no desordenarse con cada cambio.
- Adaptabilidad: para revisar decisiones sin quedar atrapado en el ego, pudiendo decir "no sé" sin perder autoridad.
- Templanza: para funcionar como una capa de estabilidad y no trasladarle ansiedad al equipo cada vez que el contexto se mueve.
El aprendizaje continuo como motor organizacional
Formar líderes se ha convertido en una necesidad mandatoria y en un indicador clave de retención para las empresas. Sin embargo, la forma en que se capacita a estos talentos también evolucionó, alejándose de los cursos estáticos para integrarse al día a día.
"La formación se volvió más dinámica y pasó a pensarse como un proceso mucho más integrado a la experiencia laboral. Es un aprendizaje que combina coaching ejecutivo, mentoring, conocimiento compartido entre pares y acceso permanente a contenidos digitales", detalla Gisela Stegmann, Jefa de Capital Humano en Grupo CETA.
Este aprendizaje debe implicar también una apertura a "desaprender". Quienes mejor navegan el contexto actual no se apoyan únicamente en lo que les funcionó en el pasado, sino que cuestionan sus propios métodos y buscan nuevas miradas para anticiparse a las disrupciones.
La importancia de la mirada interna
Finalmente, las empresas priorizan líderes que trabajan en su propia inteligencia emocional. En escenarios de alta exigencia, entender cómo gestionar las frustraciones y cuidar la salud (tanto mental como física) es el paso previo e indispensable para poder liderar con una mente en calma y generar confianza genuina en los demás.
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